Akhond Ishaq.

Su nombre completo es Akhond Ishaq. Nació en el Valle de Husé en Baltistán, un lugar remoto y aislado al norte de Pakistán. Su pueblo está en la cordillera del Karakorum, muy cerca de montañas míticas. En un radio de 60 kilómetros se encuentran picos de más de 8000 metros de altura como el K2, los Gasherbrum I y II o el Broad Peak, que conocen bien todos los aficionados a la alta montaña.

Ishaq nació en 1983; lo sabe porque ese mismo año se construyó una mezquita cerca de su pueblo. La vida no es fácil en esa parte del mundo, desde niño le tocó ayudar en casa. Con solo 7 años salía todas las tardes a pastorear, labor que su padre ya mayor y enfermo no podía realizar. En los días festivos, libre de tareas escolares, se tenía que desplazar con su madre hasta Khaplu, a 14 kilómetros de su casa a vender manzanas, melones y almendras. Eso en verano, porque en invierno se quedaban prácticamente aislados por la nieve a temperaturas de -20º. Esa vida llena de obstáculos, le llevó, con solo 13 años, a marchar de su pueblo hasta Lahore, la segunda ciudad más grande de Pakistán, a más de 1000 kilómetros de su casa. Tres días de viaje le costó llegar a a la urbe pakistaní. Allí se ganó la vida trabajando durante cuatro años en un par de restaurantes chinos. Fregó platos, peló toneladas de patatas y aprendió a manejar con habilidad el machete a base de picar berzas, cebollas y ajos.

Con el comienzo del milenio vuelve a su pueblo y empieza a trabajar como porteador en marchas de treking recorriendo de 12 a 22 kilómetros al día con aproximadamente 30 kilos a la espalda.

A partir de 2003 comienza a trabajar como ayudante de cocina en varias expediciones. Prepara legumbres, hace chapatis y arroz, cocina cabras, pollos y yaks que, si pueden, llevan vivos a los campamentos base, a más de 4500 metros de altura.

Fue Alex Txikon quién me habló por primera vez de Ishaq. En una expedición al K2 en 2004 conoció al joven pakistaní que entonces trabajaba como ayudante de cocina en el campamento base. Con los años vuelven a coincidir en alguna otra expedición. En el invierno de 2012 Txikon e Ishaq, que trabaja ya como cocinero, participan en la dramática expedición al Gasherbrum I. Txikon fue la última persona que vio con vida a sus compañeros Gerfried Göschl, Cedric Hählen y Nisar Hussain. El mismo padece graves congelaciones en los dedos de los pies y se ve obligado a quedarse una semana en el campamento base esperando a ser evacuado. No se queda solo, de forma voluntaria, Ishaq decide acompañarle. Aquella semana le cambió la vida. Entre el pakistaní, un tipo trabajador, servicial, siempre dispuesto a  ayudar  y el vasco nace una buena amistad. Alex después de aquella experiencia decide echarle una mano y superando un montón de dificultades burocráticas, le trae a Euskal Herria. En un principio vive con Alex en su casa, hasta que encuentra a una familia de pakistaníes con los que comparte piso. El montañero le buscó trabajo en el restaurante de Zornotza Jauregibarria, propiedad de su amigo Beñat Ormaetxea. Desde entonces Alex e Ishaq mantienen una amistad inquebrantable. Es el hermano número 14 de la familia Txikon.

Fotografía de Juan Lazkano y Deia

La humanidad del personaje, la forma emotiva con la que me habló Alex de él y mi curiosidad me llevaron hasta la puerta del restaurante vizcaíno para conocer a Ishaq. Fue una corta conversación mitad en inglés, mitad en castellano en la que quedamos para hacer una comida en mi casa. Meses más tarde un grupo de amigos nos reunimos con Isahq. Fue un agradable encuentro que me permitió conocer un poco más al inquieto pakistaní. Durmió en casa y a la mañana siguiente me enseñó a hacer unos chapatis en la parrilla. Eso fue en en febrero de 2015. Desde entonces le he seguido la pista.

Con una capacidad de integración admirable, durante los últimos cuatro años acude con regularidad al euskaltegi de Lemoa para aprender euskera, idioma en el que es capaz de comunicarse. Cursa estudios de la ESO. Asiste a cursos de fotografía, informática y teatro. En 2017 se saca el carné de conducir y adquiere un coche tras años acudiendo a trabajar en bicicleta desde Lemoa a Zornotza, unos 14 km ida y vuelta.

En todos estos años ha aparecido en diversos programas de ETB, le han hecho varios reportajes en prensa escrita e incluso participó en la campaña publicitaria “Zu ere euskaldun. Hazte con el euskera”. Iniciativa impulsada por la Diputación Foral de Bizkaia y Metro Bilbao con el fin de acercar el euskera a toda la ciudadanía vizcaína, sin importar su procedencia.

En 2018 comienza una nueva etapa: coge el bar-restaurante del Batzoki de Igorre al que ha llamado Restaurante K2 Jatetxea. Oficia una cocina mixta vasco pakistaní. Un par de veces he estado comiendo y charlando con Ishaq en su restaurante., la última en febrero de este año, unos días antes de que nos arrollase el virus y sus consecuencias. Me gusta oírle hablar con tono pausado, sin alzar nunca la voz. Ha sido la historia de este inquieto personaje la que me ha hecho entender que un curry o unas samosas comidas en nuestro mundo son algo más que eso. Un curry es cultura, es historia, es inmigración, es resistencia, es perseverancia. La mayoría de las veces no somos conscientes de todo lo que hay de fondo. Comemos, nos gusta o no y a otra cosa.

En la sobremesa de febrero, con Isahq sentado en la mesa, nos contó sus ilusiones, alguna que otra frustración y sobre todo su intención más acuciante: traer a Bizkaia a sus hijos Gulistan Ali de 12 años, Tair Hussen de 10 y a su hija Masooma Zahra de 8 años. La última vez que les vio fue en 2017. La pandemia se lo está poniendo muy difícil.

La historia de Isahq es una patada a los argumentos neo fascistas, una realidad que demuestra y pone al descubierto las mentiras y manipulaciones promovidas contra los más vulnerables por esos grupos de pensamiento rancio. Una historia de integración, de crecimiento personal, de voluntad inquebrantable y de una gratitud hacia lo que le rodea de la que hace gala cada vez que tiene oportunidad.

En una entrevista el himalayista Carlos Suárez decía: “Aprendí de los Baltis que en pleno invierno en el Himalaya, sin medios y en las peores circunstancias se puede elegir ser feliz”.
Isahq, salvando muchas dificultades y con mucho empeño, ha elegido ser feliz entre nosotros, Espero que lo consigas, amigo.

  • Igorreko Batzokia “Restaurante K2 Jatetxea
  • Sabino Arana kalea, 28. 48140 Igorre, Bizkaia
  • Contacto y reservas 676 624 847 / 946 319 411
  • k2.jatetxea@gmail.com
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Una respuesta a Akhond Ishaq.

  1. Jose Revu dijo:

    Eskerrik asko pil-pilean!!! Por ofrecer estas líneas y le la gente sepa más de esta grandísima persona, grandísima es poco cuando le conocés, lo tiene todo, bondaz, amabilidad, bueno y todo los adjetivos ke me vienen a la cabeza son pocos, así que eskerrik asko de nuevo.
    Todo lo ke ha conseguido, es poco para lo ke se merece.
    Aupa Isaak!! Besarkada haundi bet nire lagune

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