La puerta de atrás de la Capital Gastronómica.

Idea brillante, objetivo batir el récord Guinness de la tortilla más grande del mundo. Maroto alcalde eufórico, dedos en v junto al gran Senén chef encargado de la no elaboración en directo de tan magno acontecimiento. Es un orgullo que en Vitoria se haga esto, comenta Maroto luciendo un impoluto delantal. No se fríen patatas, no se baten huevos, no se mezclan estos dos ingredientes. Si llegan unos enormes trozos de tortilla casi cuajada, para montar el puzle-fraude. Por megafonía se anuncia record batido. Más fotos y más euforia.

Se publica la factura, 45.000 del ala. Hosteleros cabreados, políticos cabreados, ciudadanos cabreados, la prensa se hace eco, en las redes sociales fríen al cocinero y al regente de la ciudad. Primeras preguntas y algunas dudas sobre la autenticidad del récord. Con diciembre llega la confirmación oficial de Guinness World Records Ltd. del no récord conseguido. Parece que los japoneses la tienen más grade. Maroto alcalde no quiere salir en la foto, el gran Senén se aferra al récord-no récord que se anunció por megafonía. Se habla de fiasco, de gran mentira, de gasto injustificado, de contrato adjudicado a dedo, de colegueo, de tocomocho pepero y en las redes sociales se vuelve a refreir al regidor y a su amigo cocinero. La pelota de la gran tortilla nadie la quiere en su tejado, nadie es responsable del fiasco. A eso ya estamos más que habituados.

La gran mentira sigue presente en “La cocina de Senén” donde todavía hoy se lee: …consiguió el Récord a la Mayor Tortilla de Patata del mundo… fue cocinada en directo… 150 litros de aceite Arroniz… la Tortilla Récord fue posteriormente troceada en la tradicional forma triangular…

No récord, no cocinada en directo, no aceite Arróniz, no troceada de forma triangular, eso si, con un ingrediente del que el rey de la tortilla jamás ha hablado en público: gelatina… esa es la triste realidad.

Esto en el escenario de una capitalidad por la que la ciudad, de partida, paga un canon de 125,000 euros por ostentar el título.

Denigradas la ciudad y la tortilla de patatas.

Al calor de la capitalidad aparece Mario Sandoval y su “Tapas y Barras”. Anfitrión, el que la tiene más grande que los japoneses. Hay que aprovechar el tirón mediático. Entre otros, un pintxo en el “Toloño”: arbigaras con perretxikos sobre huevo a baja temperatura. El pintxo más antiguo de Euskadi…¿?  al que he querido dar un poco más de finura, ponerlo más actual, añadiendo  mantequilla a la vianda, dice sin ruborizarse Enrique Fuentes, cocinero del conocido bar vitoriano  y añade “esto es un tema nuevo”.

De nuevo nada, denuncia Asier Urbina, segundo de cocina en el restaurante Ikea de Gasteiz. Reivindica, junto a Iñaki Moya la autoría del mismo. Se siente jodido, enfadado, mosqueado. No faltan motivos para el enfado, el pintxo estaba pensado en los fogones del Ikea, mantenido en secreto para presentarlo en  el concurso Cocinando Nuestros Sabores.  Solo lo habían probado cuatro personas, una de ellas el avispado Enrique. Traición, añadiría yo.

Lo último sobre este cocinero lo he visto en el programa “Un País para comérselo”, donde declara ser el decano de los tasqueros en temas de pintxos, el pionero. Puede alguien adjudicarse tan a la ligera semejante título?  Solo hace falta un poco de memoria para desmontar tan arrogante afirmación.  Y es que como el propio personaje afirma todo el mundo quiere ser como yo…debo ser un tío simpático, cachondo y siempre de buen humor.  No Enrique, te equivocas, yo no quiero ser como tú.

Y por si todo esto fuera poco, ahí va una más de copyright  violado.

Huevo con pan y panceta sobre crema ligera de patata”, así lo llama Diego Guerrero.  Lo hizo en El Refor de Amurrio siendo un chaval. Fue allí donde tuve la suerte de probarlo. Se llevó el huevo a El Club Allard de Madrid, donde  seguro que lo probó el inspector de la Guía Michelin antes de concederle dos estrellas. Lo mantiene en la actualidad en su propio restaurante DSTAgE. Se nota que le ha cogido cariño. Con él  ganó el Premio Pil Pil de la Gastronomía al mejor plato de cocina tradicional. Y aquí aparece, de nuevo,  el de la tortilla, el de la gran tortilla de patata. Según dice el propio Diego Guerrero en una entrevista radiofónica  “el huevo ya me lo pisaron en cuanto gané el premio. A las dos semanas ya me lo habían fusilado”. No da nombres y no hace falta. Muchos habíamos comentado en pequeñas tertulias la asombrosa similitud entre los dos huevos. El del no récord sustituye el pan por finas láminas de patata y a correr. Y mira si ha corrido que hasta puedes comprar el susodicho pintxo de huevo frito a 9,25 euros las 6 unidades en los centros del recientemente fallecido Isidoro Gómez.

En fin, todas estas cosas suceden en Vitoria-Gasteiz /donde hacen la ley/capital artificial de un pais singular.  (Parte de la letra de “Rula” compuesta  para Potato por Pedro “Aianai” Espinosa.)

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