Las gentes del Valle Salado de Añana Gesaltza.

No os voy a contar la historia del Valle Salado de Añana, ni la defensa del mismo que han hecho a lo largo de los siglos los habitantes del pueblo asegurando la conservación de su patrimonio hasta nuestros días, que para esa labor están los historiadores.

Tampoco os voy a contar las propiedades ni los diferentes usos culinarios de chuzos, flores de sal, sal mineral, etc. que de forma totalmente artesanal hacen en Gesaltza, que para eso están los reconocidos cocineros que la usan con buen criterio en la actualidad.

De igual modo no os voy a contar el abandono por parte de las instituciones de este lugar único que a punto estuvo de desaparecer, si no hubiese sido por la obstinada labor de salineros y salineras que a duras penas mantuvieron unas eras para producir sal casi de forma testimonial. Tarde pero a tiempo se ha creado la Fundación Valle Salado, pero para explicar todo eso ya están los políticos.

Tampoco os voy a contar nada del sistema constructivo, su peculiar arquitectura, ni de la distribución de la salmuera por las eras, ni de los manantiales… que para eso están las visitas guiadas al valle y los salineros y salineras que siempre están dispuestos a trasmitir el buen hacer que han heredado de sus antepasados. Solo hay que acercarse a Añana Gesaltza que bien merece una visita.

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Solo voy a hablar de los auténticos protagonistas de la recuperación del Valle Salado: los hombres y mujeres que habitan la villa más antigua del País Vasco.

En 1996 estuve en Gesaltza haciendo un documental para un programa titulado “Alava, pueblo a pueblo”. El entonces alcalde Edorta Loma fue quién nos enseñó las salinas que en aquel momento estaban bajo mínimos. Solo unos pocos salineros seguían explotando algunas eras. El paisaje entonces era desolador con muchas eras derruidas, dando una sensación de abandono total. El tesón y el optimismo que transmitían los habitantes de ese pueblo tan singular era inversamente proporcional al estado del Valle Salado. Esa fue la conclusión a la que llegamos mi compañera Igone Olarte y yo en aquellos días compartidos con sus gentes. El tiempo les está dando la razón.

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Este último fin de semana se celebró la Feria de la Sal, e invitados por Montse L. de Aretxabaleta y Txarli Alonso, naturales de Gesaltza, nos acercamos hasta el pueblo. Las cosas han cambiado, ya no son los salineros los que explotan las eras, ahora es cosa de la Fundación. Todavía queda una ardua tarea de recuperación pero el paisaje ya es diferente. En amplias zonas del Valle predomina por fin el color blanco y brillante de la sal. Lo que no ha cambiado es el empeño, la cabezonería, el optimismo y el “salero” de estas gentes por poner el Valle Salado en el mapa del mundo; en todo caso ha aumentado. Ven futuro, ven posibilidades de trabajo, ven vida en el pueblo, ven comercializar la sal, ven que las instituciones se involucran y ven la posibilidad de que el Valle sea declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO. Revolucionados están con este tema, engalanando el pueblo y organizando actividades de interés. Montse nos contó que andan un poco preocupados por la velocidad con la que ha arrancado la candidatura; todavía carecen de infraestructuras necesarios para atender al posible aluvión de visitas si se consigue el objetivo, pero todo se andará.

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Toda ese raudal de ilusión se vio reflejado en el bonito espectáculo de luz y sonido que organizan y donde prácticamente todo el pueblo participa. De admirar el esfuerzo que hicieron para regalar a todos los visitantes unas horas de ilusión compartida. Salineras y salineros están dando un ejemplo de participación, colaboración y recuperación de su entorno. Nosotros sus vecinos podemos aportar también nuestro granito, aunque sea un granito de sal.

No se equivoca el cocinero del Mugaritz Andoni L. Aduriz: “…es un placer mayúsculo entender que al agregar una pizca de sal a un plato en realidad se está incorporando parte de la memoria de un municipio, un pedazo de su naturaleza solidificada y una fracción de la biografía de un valle ligado a una actividad artesana. Por eso, más que un condimento, la sal de Añana es un fragmento de civilización….”. Aupa Gesaltza!

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5 respuestas a Las gentes del Valle Salado de Añana Gesaltza.

  1. txarli dijo:

    Ke bonito es que valore el esfuerzo casi siempre desinteresado del ke quiere sacar adelante lo que lleva dentro. Gracias por el articulo KIKE

  2. Muchas gracias KIKE. Gente como tú es la que necesita el VALLE SALADO DE AÑANA,para lograr nuestro proposito. De que el VALLE SALADO sea patrimonio de la UNESCO.

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