La perversión de la anchoa.

Compré un envase no hace mucho tiempo en la fábrica que conservas Lolin tiene en Castro. Confieso que no me gustan los sucedáneos, a pesar de lo cual e inducido por mi irremediable  curiosidad decidí llevarme un tarrito de 50 gramos de Lolinas. ¿Qué son las Lolinas?, según la propia conservera es un sucedáneo de caviar a base de auténtica anchoa Lolin. Se  caracteriza por su Inconfundible sabor, aroma y color.

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Ya en casa preparé un pintxo fácil: sobre una base de una rodaja de un Azkoien de Artepan puse  unos trocitos de aguacate, queso fresco y de tomate. Por encima añadí las Lolinas, lo regué todo con un buen chorretón de AOVE y listo para probar.  Esa deconstrucción-perversión de la anchoa con forma de  perfectas microbolitas decora el plato, son muy aparentes y visualmente atractivas. Tienen un ligero olor y sabor a mar, aunque en boca su textura me pareció un poco viscosa, vamos que en casa a ninguno nos convencieron.

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Me costó un triunfo descifrar los componentes de tarro y me pregunto si el problema es mi presbicia o si la letra es demasiado pequeña hasta para una vista de lince. Ayudado por mi pareja y con cierta dificultad leímos los componentes: Anchoas 35%, Sal acidulante E-330, Espesante-40, Potenciador de sabor e-621, Aromas naturales, Colorante E-172, Conservador E-211.  Todo esto me lleva a hacerme una serie de preguntas:

¿Es este un ejemplo de la tiranía de la forma sobre el fondo?

¿Es que lo más importante del fondo es la forma?

¿Es este un ejemplo de unas bellas formas sin fondo?

¿Por qué ese empeño en prostituir-pervertir-deconstruir un producto tan noble como la anchoa?

¿No sería mejor dejar en paz a esa apreciada y cada vez más escasa anchoa, mantener la estilizada silueta de esos filetitos con sabor a mar y evitar colorantes, potenciadores de sabor, conservantes, espesantes…?

¿Nos pasa igual en la mayoría de las fruterías donde vemos unas manzanas, por poner un ejemplo, perfectas, sin ningún defecto aparente, con brillo antinatural producido por las ceras, pero casi sin sabor y no dando por buenas las más sabrosas pero imperfectas visualmente?

Solo tengo una respuesta para tanta pregunta: yo personalmente me quedo con la anchoa de toda la vida que hasta en las fábricas conserveras, incluida Lolin, las hacen de forma prácticamente artesanal. Me da igual si tengo que usar un abrelatas, o aquellas pequeñas llaves con una ranura para meter en la pestaña de la lata e ir enrollando la tapa poco a poco hasta descubrir por completo el contenido encharcado en aceite, o con los modernos abrefácil… yo prefiero ver en su estado natural esos sabrosos filetes de anchoa en conserva, siempre y cuando sean de calidad, como es el caso de Lolin.

No le veo a Miguel Angel  Revilla, el mejor embajador de las anchoas de Cantabria regalando esas preciosas microbolitas.

¿Y tú qué prefieres el fondo o la forma?.

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3 respuestas a La perversión de la anchoa.

  1. Marta dijo:

    Muy acertado el post. Y tus propuestas. Tu Pintxo era perfecto… culminándolo con un buen filete de anchoa.

    Un abrazo.

    Olass del mar Cantábrico 🙂

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