Xabier Santxotena: Cocinero, escultor y agote militante.

Hojeando una vieja revista de 1993 tropiezo de casualidad con un artículo sobre Xabier Santxotena, personaje por el que siempre he sentido una mezcla de curiosidad y admiración. Un rara avis del mundo de la cultura. Cocinero, escultor apasionado por la madera, poeta, discípulo del torbellino Oteiza y orgulloso de su origen agote. El artículo al que hago referencia fue escrito por el periodista gastronómico, ya desaparecido, José Luis Iturrieta, quién a modo de introducción escribe algo que para mí resume muy acertadamente en cuatro líneas el perfil del escultor y sukaldari: Hay quién tiene a Santxotena como cocinero con apuntes de escultor. Y viceversa. Se equivocan, porque Xabier es la simbiosis de sus abuelos por ambas líneas de ascendencia. Artesano de la madera, como sus abuelos. Apasionado de los fogones en la misma medida que sus dos “amonas”. Luego está Jorge Oteiza. Pero eso ya es otra cuestión.

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En una ocasión me tocó hacer de cámara de estudio en una televisión local. Uno de los personajes invitados fue Santxotena. Me atrapó, era incapaz de seguir las órdenes que el realizador me indicaba, mucho más concentrado en lo que el invitado contaba que en el dichoso dame un primer plano que me llegaba desde el control donde mi amigo Ignacio Gabilondo cantaba las órdenes. No habló mucho de su pasado como cocinero, por entonces había cambiado, ya definitivamente, cucharas y espumaderas por las gubias y  los mazos. Sobre todo recuerdo la pasión con la que hablaba del árbol, de la madera con las que hace la mayoría de sus esculturas, del sonido del arroyo, del bosque, de las leyendas mitológicas, de su maestro-universidad y amigo Oteiza al que conoció a finales de los 60 cuando regentaba el restaurante Arantzazu en Ezkio-Itsaso. A Oteiza le llamó la atención el nombre, ya que por aquella época andaba colocando sus polémicos apóstoles en el Santuario de los franciscanos. Al entrar vio unas tallas en madera y al enterarse que el autor era Santxotena animó a este a seguir por los caminos de la escultura. Contó algunas anécdotas sobre el carácter explosivo del genio en alguno de los viajes compartidos y de la estrecha relación que mantuvieron hasta la muerte de Oteiza. Habló también de su origen agote, que reivindicó con orgullo. Contó cómo hasta no hace muchos años esta comunidad maldita ha sido marginada a través de los siglos. En fin, un rato que se me pasó volando, en el que me costó concentrarme en mi trabajo y como el sabor de un buen vino, su recuerdo perduró un tiempo en mi memoria.

La primera vez que descubrí al Santxotena cocinero tendría unos 18 años. Por aquellos años  había comenzado su periplo por tierras alavesas. Estaba al mando del restaurante Palacios en el  kilómetro 333, una popular posada al lado de la carretera, dónde algunos afortunados podían disfrutar de sus platos en la misma cocina.

Tuve la suerte de sentarme en una de aquellas mesas en una comida familiar. Mis recuerdos son desordenados y nebulosos ya que llegué al restaurante de gaupasa, después de una juerga.  Asistí con el hambre acumulado durante de la noche jotera. Un montón de platos aparecían en la mesa ante mi sorpresa y la de mis familiares, acostumbrados hasta entonces a entrantes, primer y segundo plato y postre. De todo lo que desfiló por la mesa, que no fue poco, solo recuerdo una ración de angulas y un buen trozo de chuleta previo a los postres. Terminó la celebración familiar con un paseo hasta la ermita cercana de San Formerio, donde se me vino el mundo encima, después de los excesos de la noche y de la propia comida  y acabé vaciando el estómago. El ahora archiconocido menú degustación leído tanto en las cartas de restaurantes de postín como en otros de medio pelo, nació de forma más o menos casual en esta casa de comidas frecuentada por camioneros, gentes de paso y muchos alaveses que ya conocían la buena mano del cocinero-escultor en los fogones. El propio Santxotena lo recuerda así: Los chóferes entraban en la cocina y, mientras preguntaban qué les iba a dar de comer, levantaban la tapa de los pucheros. Como tenían buen apetito terminaba dándoles a probar de todas las perolas, hasta que la costumbre se hizo ley. Así parece que nació el menú degustación, algo muy novedoso en aquellos años.

En 1980 se puso al mando de los fogones de El Portalón, una antigua casa de postas del siglo XV, donde su menú degustación adquirió más popularidad. Un lugar en el que está expuesta (o al menos estaba en aquel tiempo) una pequeña parte de la obra escultórica del artista-cocinero. Se entra sin saber muy bien si es un restaurante como un museo o un museo con restaurante.

Siempre que he estado ha sido por motivos laborales, compartiendo mesa con gente a la que apenas conoces o que conoces demasiado y detestas. Situaciones que no me gustan y en las que no disfruto como me gustaría de la comida que me ponen en el plato. Aún así todavía recuerdo una creación emblemática de Santxotena que vista en la actualidad puede parecer viejuna: Lautada-Itsaso (Llanada-costa) donde hermanaba los productos del mar con los de la costa. Unas patitas de cordero albardadas, kokotxas de merluza, colas de cangrejo  y unas xixas o perretxikos como les llamamos los alaveses, con un fondo de salsa americana o algo parecido. Suculento y meloso plato que recuerdo con agrado. Rescato del artículo de José Luis Iturrieta una anotación que hizo su mentor Jorge de Oteiza en el libro de honor de la casa. No tiene desperdicio: Me permito agregar una breve que considero complementaria anotación a la página antecedente de nuestro singular y extraordinario arquitecto y amigo OIZA, a 25 de enero del 90, a los 25 días solares de la sabia lección de cocina-arquitectura de nuestro (iba a decir común), no común, singular amigo escultor y sukaldari, lo que anoto ahora: Toda mi ilusión ha sido la creación del Instituto de investigación estética de los lenguajes –incluido el euskera por su nacimiento artístico preindoeuropeo-. Pues bien, agregaría ahora el lenguaje artístico de nuestra gran cocina vasca, no neo-cocina, sino paleo-cocina vasca. Complementaríamos así toda la gran estructura lingüística de nuestra profunda identidad creativa. Saludo a nuestro gran escultor-sukaldari Xabier Santxotena con admiración y afecto. Oteiza.

Xabier Santxotena dejó definitivamente la cocina en 1997, para dedicarse en cuerpo y alma a su otra pasión. En 1998 abrió su museo en Bozate, el barrio de Arizkun donde nació. En 2003 en el mismo lugar inaugura el parque escultórico y en 2010, esta vez en el pueblo alavés de Artziniega, abre sus puertas el taller-museo donde muestra su obra y su proceso de creación.

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Adolfo Martínez de Santos. Calidad vs cantidad.

Kuartango, de norte a sur tres venas recorren este valle alavés: una de asfalto, la autopista Bilbao Zaragoza, otra de hierro, el ferrocarril y la única natural y más antigua, el rio Baias. Me pregunto cuanta gente de los miles que atraviesan el valle por esas venas de asfalto y hierro habrán desviado la mirada hacia los lados fijándose en ese despoblado valle. Son unos 18 kilómetros a una media de 120 hacemos el trayecto en 9 minutos. Pasamos muy rápido por los lugares, más preocupados por llegar que por viajar.

Voy pasando por los pueblos del valle, Andagoia, Etxabarri Kuartango, Urbina Eza, Zuhatzo.  Una bandera amarilla con la leyenda de “fracking ez” adorna muchas de las ventanas de los pueblos del valle. Pocos meses atrás en una consulta popular celebrada en el municipio una mayoría aplastante votó en contra de ese método de extracción de gas natural. Solo fueron tres los vecinos que emitieron un voto favorable.

El final del trayecto es Gillarte, un pequeño pueblo de apenas 8 vecinos donde Adolfo Martínez de Santos tiene su explotación ganadera “Torrebe Etxea” y vive con su familia. Su mujer Araceli y sus dos hijos Julen y Mikel colaboran, siempre que pueden, en las tareas de la granja y las decisiones importantes se toman en común. Julen su hijo mayor ha cogido  el testigo y desde hace 1 año tiene su propia explotación ganadera también en Gillarte.

No es un ganadero al uso, tiene un punto de romanticismo, sana locura, un tirar “palante” arriesgado. Hace ya 15 años apostó, cuando casi nadie lo hacía, por la vaca de raza terreña, una raza autóctona que gracias a la labor de ganaderos como Adolfo se va recuperando poco a poco; no hay que olvidar que hace unos 25 años en Alava solo quedaban unos 100 ejemplares. La granja de Adolfo tiene un poco de arca de Noé. Potros y yeguas, cabras azpigorris, también reconocidas por la Unión Europea como razas en peligro de extinción, se mezclan entre ovejas latxas, gallinas, conejos y cerdos, estos últimos para el autoconsumo familiar. Adolfo pisa poco las grandes superficies para hacer la compra.

Acompaño al ganadero, ayudado por sus dos hijos, a un prado cercano a la explotación. Tienen que conducir varias yeguas y potros a otro zelai, trabajo difícil ya que esos animales son muy asustadizos.

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Me va contando con su hablar pausado peculiaridades de las terreñas. Es una vaca rústica, muy bien adaptada a las duras condiciones climáticas, más pequeña y con menos rendimiento cárnico que otras razas como la limusina o la charolesa. Hasta la llegada de los tractores eran utilizadas como animales de tiro. Son precoces, pueden llegar a parir con 20 meses, y por sus características son muy longevas. Algunos ejemplares siguen pariendo con más de 20 años. Esa dureza les permite vivir y pastar en el monte desde marzo o abril hasta diciembre. Por su menor rendimiento cárnico, por la moda de consumir carnes magras que a saber de dónde proceden, por la grasa infiltrada que tienen entre los músculos debido a su alimentación y tipo de vida, por todas estas cosas no es apreciada por carniceros e intermediarios. ¡No saben lo que se pierden! yo he probado solomillos, redondos, costillas, faldas, filetes, y picadillo de sus vacas terreñas y doy fé de la calidad y sabor de esta raza. Un lujo saber cómo se han criado de forma extensiva, la alimentación que han recibido, el mimo que reciben por parte de Adolfo, donde se han sacrificado… en fin, a veces por ahorrarnos un puto euro somos capaces de comulgar con ruedas de molino.

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Aparece el lobo en la conversación y Adolfo pierde un poco su hablar pausado. Se cabrea. Todos los años reciben ataques que merman sus rebaños. Me cuenta que el año pasado fueron 20 las ovejas que el lobo se llevó por delante. Califica la situación de insostenible, arremete contra los “ecologistas de salón”, más preocupados porque el depredador esté presente en todos los lugares que por otras cuestiones para él más importantes, como el fracking o Garoña. En esta zona de Alava la sombra del lobo es muy alargada.

Estas incursiones periódicas han llegado a modificar el manejo tradicional del ganado. Por ese motivo las vacas y las yeguas paren en las cercanías de la granja. Y es que el lobo siempre va a por lo más débil.

Además de  terreñas, también cría yeguas y potros.  Estos animales pastan en libertad en los montes comunitarios cercanos a Gillarte. El manejo es muy parecido al de las vacas; los potros se alimentan de la leche materna unos seis meses, para después alimentarse de pastos y forrajes. A partir del año los estabula y pasan al cebadero donde permanecen de 2 a 6 meses, dependiendo de cada yegua.

En una ocasión me regaló un redondo de potro y me dijo: “prepáralo vuelta y vuelta, como si fuese un solomillo. No tiene nada que ver con el redondo de ternera”. Lo hice y comprobé asombrado que tenía razón. Lo ofrecí a varios amigos sin decir que era potro. Una agradable sorpresa para la gente que en su vida había probado este tipo de carne.

Se le ve por muchos pueblos de la provincia de Alava con su pequeña furgoneta refrigerada, ya que la venta directa es la principal forma de distribuir sus productos a sus fieles clientes. Asiste y participa activamente en muchas de las ferias de ganado que se celebran en  Euskal Herria.

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Y si has llegado leyendo hasta aquí, dale al enlace y verás cómo Lorentzero Herrero junto al verraco David de Jorge  se curran un rost beef de terreña de Torrebe Etxea que se caga la culebra. No te lo puedes perder.

En fin, una gozada disfrutar de un ganadero de raza como Adolfo. Un tipo responsable, comprometido con el bienestar animal, respetuoso con el entorno heredado de sus mayores y como dicen en slow food “una de las esperanzas que nos queda de mantener el patrimonio cultural alimentario de nuestro Territorio Histórico de Álava.

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Cocinando con la chavalería.

Hace unos días me llamaron de la Ikastola Lope de Larrea de Agurain, el asunto que me proponía Isabel, la andereño de mi hija Uxue, era dar una charla sobre alimentación y hacer alguna receta para los niñ@s de 3º de primaria. Allí me presenté con una batidora de vaso, unas fresas, leche y queso mascarpone con el fin de hacerles un batido. Una hora era la que tenía para entretener a unos 40 inquietos niños y niñas de 8 años. Estaba nervioso, al principio un poco intimidado. Para romper el hielo les hice el batido con el fin de empezar hablando de la importancia del desayuno. A los cinco minutos desapareció mi nerviosismo y comenzó un dialogo fluido donde participaron casi tod@s. La importancia de una alimentación saludable, el consumo de frutas, verduras, carnes, pescados, pastas… el peligro de algunas bebidas con burbujitas, de la bollería industrial, de los gozokis a todas horas… Así paso la hora de diálogo con la chavalería. No soy un experto y lejos estoy de sacar conclusiones de lo que allí se expuso, aunque tengo que reconocer que algunas cosas de las que me contaron me alarmaron un poco.

Al hilo de todo esto y ya que existe un debate abierto en nuestra sociedad en torno a la importancia de la alimentación saludable en la educación, me tomo la licencia de exponer algunas cuestiones que me parecen interesantes.

¿Quién no ha oído hablar de la obesidad infantil o la desnutrición? Consecuencia del mundo loco en el que vivimos existen, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) 1.200 millones de personas con sobrepeso y el mismo número con desnutrición. Cifras para la reflexión.

¿Es la alimentación una asignatura pendiente en el actual sistema educativo? Cada vez son más las voces que  desde diferentes ámbitos como la medicina y la alta cocina están pidiendo que entre a formar parte de los planes de estudio en la escuela. Prestigiosos cocineros como Martín Berasategi, Joan Roca, Ferrán Adriá o Elena Arzak, por citar algunos, se hacen eco de estas cuestiones y  abogan por conseguirlo.

Incluso los políticos se han sumado al debate. El pasado mes de febrero la comisión de Cultura y Deporte del Parlamento Europeo elaboró un informe en el que pide incluir en los planes de estudio una asignatura sobre hábitos alimentarios saludables. A ver que resulta de todo esto.

Y está nuestra responsabilidad como padres y madres. El actual ritmo de vida, el poco tiempo del que se dispone, muchas veces la pereza son los problemas con los que nos encontramos a la hora de alimentar a nuestros hij@s. Comer es un acto rutinario y necesario que por estas latitudes lo hacemos  varias veces al día, suerte de la que no disfrutan en otras partes del mundo. No es difícil, ni caro, ni tiene porqué costar mucho dinero convertir desayunos comidas meriendas y cenas en momentos divertidos para el disfrute de niños y mayores. Solo se requiere un poco de esfuerzo, algo de imaginación y el necesario tiempo. Inculcar a nuestros hij@s una sana cultura alimenticia es nuestro deber como padres-madres-educadores ya que es la base esencial del desarrollo integral en esa etapa infantil. La pregunta que me hago es si estamos preparados para poder hacerlo… ¿Necesitamos nostr@s también educarnos en esta materia? En fin, ahí lo dejo…

De la charla en la Ikastola con la chavalería de 3º  salió una propuesta: mediante un sorteo dos alumn@s de cada clase se comprometían a venir a casa para cocinar unas madalenas de chocolate y unos profiteroles. ¡Y vaya si vinieron!!! y se mancharon de harina, y mezclaron ingredientes, y preguntaron y comieron, y hasta hicieron cola para fregar la cacharrería. Una bonita experiencia en una mañana de un sábado que va a tener continuidad. Hemos quedado en primavera, cuando el tiempo sea un poco más estable, para hacer un pan de molde y unas pizzas caseras en el horno de leña.

Yo encantado de la vida.

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Cita a ciegas (primera convocatoria)

Narbaiza es donde vivo.(…) En esta casa es donde el día 29 de marzo voy a organizar la primera experiencia a la que no se bien como llamar. Una jornada con una visita a un productor de la zona, (quesos, sidra, carnes ecológica, huertas) seguida de una comida, donde en la medida de mis posibilidades utilizaré productos locales. El objetivo es crear un ambiente amigable sin guiones preestablecidos, donde los participantes puedan aportar diferentes puntos de vista: ocho personas en torno a una mesa y a ver lo que sale.

Si te interesa, en los próximos días daré más detalles…

 Así terminaba el post en el que hace unos días os adelantaba como iba madurando la idea de una nueva  experiencia: una cita a ciegas (https://pil-pilean.com/2014/02/12/cita-a-ciegas). Es el  momento de los detalles.

Ocho personas, que pueden conocerse entre sí o puede que no se conozcan, dispuestas a olvidar nicks virtuales, arrobas, almohadillas, móviles, con ganas de compartir una jornada diferente y por supuesto disfrutar de un agradable rato en torno a una mesa.

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El 29 de marzo, sábado, empezamos la jornada a las 11.00 de la mañana en el bar Koipe Enea de Narbaiza, con un cafecito, un té o un caldito para conocernos, calentar motores y romper el  hielo.

A las 11.30 en Galarreta nos espera  Gorka Asurmendi de la quesería Azkarra para enseñarnos como elaboran sus premiados  quesos y probar alguno de ellos.

Tras esta visita volveremos a Narbaiza, y en la sociedad del pueblo tomaremos el vermú. Si el tiempo lo permite subiremos paseando hasta casa.

Hacia las 14:30 comenzará  la comida:

Aperitivo

Tosta de guacamole con anchoa  y puré de aceitunas negras

Entrante frío

Milhojas de tomate confitado con lascas de bonito del norte (Conserva casera)

Entrante caliente

Taco de panceta tostada, con caldo de garbanzos y raviolis de morcilla alavesa

Pescado

Lomo de lubina salvaje con salsa de acelgas y habitas  (si no hay en el mercado se sustituirá por otro pescado fresco)

Carne

Solomillo de potro (Torrebe Etxea) con guarnición de alcachofas, trigueros salteados y chalotas.

Postre

Mousse de chocolate  negro con frutas del  bosque y crema de naranja.

cafés o infusiones  y copas.

La comida se acompañará con vinos tintos y blancos de Rioja Alavesa.

Puedes venir solo o sola, con otra u otras personas, pero ten en cuenta que solo pueden participar ocho personas. Así que si estás interesada o interesado en participar en esta experiencia, envíame un mensaje a la dirección de correo pilpileando@gmail.com para hacer la reserva y aclarar tus dudas. Para hacer frente a los gastos de la jornada, la aportación por participante será de 40 €.

El plazo para las reservas  estará abierto hasta el día 21 de marzo (si se completa antes el grupo se comunicará).

Y como os decia en el post anterior… ocho personas en torno a una mesa y a ver lo que sale!

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Platos de Pil-pilean.

Recuerda que puedo cocinar todo esto y algunas cosas más en tu txoko, en tu casa, en tu sociedad…

Cardo y borraja con patatas y presa ibérica curada.

Tosta de aguacate, tomate y queso fresco con caviar de anchoas.

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Pulpo a la brasa con patata machacada y aceite de pimentón.

Ensalada  de puerros con tomates cherrys salteados con tomillo.

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Morcilla a la plancha con yema templada.

Níscalos con cardo y virutas de presa ibérica curada.

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Bacalao skrei con crema de patata y panceta crujiente.

Humus.

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Milhojas de patata, borraja y sobrasada.

Secreto ibérico asado con patatas.

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Txitxarro escabechado.

Bacalao confitado con fritada de tomate.

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Baba txikis con berza asada.

Bizcocho de chocolate con frutas.

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Ensalada de bacalao con alubias de Narbaiza.

Sardinas con sandía a la plancha.

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Taco de bonito marinado con puré de cebolla y migas salteadas.

Ensalada de pimientos asados en horno de leña con bonito cocido.

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Bacalao skrei con patata confitada, cebolla pochada y crujiente de panceta.

El pasado mes de enero comenzaron las Jornadas Gastronómicas-Jardunaldi Gastronomikoak organizadas por Roberto Castro de “La Despensa” y Juanjo Barquilla del bar-cafetería “Jai Alai”, con la colaboración del Ayuntamiento de Agurain. El pistoletazo de salida lo dieron las anchoas, la gente que se acercó pudo probar tres pintxos diferentes elaborados con dicho pescado.

Este próximo jueves día 20 le toca el turno al bacalao skrei. Un pescado de temporada que llega hasta nuestras pescaderías desde Noruega. Skrei en noruego significa nómada y es que este pescado blanco, recorre por mar largas distancias, desde el mar de Barents -al norte de Noruega-  hasta las islas Lofoten a donde se dirige a deshovar. Allí lo capturan en los fríos meses de invierno de manera tradicional y sostenible. Desde enero hasta primeros de abril se puede comprar en nuestras pescaderías. De sabor sutil, piel brillante y pegajosa y carnes firmes y blancas es un pescado versátil que admite multitud de preparaciones.

Uno de los tres pintxos que voy a preparar el jueves 20 de febrero en el bar Jai Alai es la versión pintxo de la receta que pongo a continuación. Si quieres probar este pescadito solo tienes que acercarte y comer por cinco euros, tres pintxos y tres sidras de Borobia bien escanciadas.
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Skrei con cebolla pochada, patatas confitadas y panceta.

Ingredientes: 4 lomos de bacalao skrei, 3 cebollas, 2 patatas pequeñas, 4 lonchas finas de panceta adobada, aceite de oliva y sal.

Elaboración:

Cebolla pochada: Se cortan las cebollas en juliana y se añaden a una sartén con una chorretada de aceite de oliva. Se añade sal y se dejan pochando a fuego muy suave durante 1 hora aproximadamente. En este proceso de les va dando vueltas constantemente para hasta que cojan un color marrón oscuro. No sé si es muy ortodoxo pero yo le añado un poquito de caldo de carne hasta que se evapore por completo.

Panceta crujiente: Mientras de pocha la cebolla se pone papel de horno sobre una bandeja y se colocan encima las lonchas de panceta adobada. Se mete en el horno a una temperatura de 90º a 100º  y se mantienen hasta que se deshidraten y quedan crujientes, más o menos durante 20 minutos. Se sacan del horno y se ponen sobre papel absorbente.

Patatas confitadas: Se pelan las patatas y se parten en rodajas gruesas. En un recipiente adecuado se pone abundante aceite de oliva y se añaden las rodajas de patata, es importante que el aceite no esté a mucha temperatura y que las patatas queden bien cubiertas, se tienen que cocer o confitar sin llegar a dorarse. Esto nos puede llevar unos 30 minutos, una vez hechas se escurren bien y se ponen sobre papel absorbente, añadiéndoles un poco de sal, que si es de Añana, pues mejor que mejor.

Bacalao skrei: Se salan los cuatro lomos y se ponen sobre una sartén antiadherente con la piel del pescado hacia abajo, a fuego medio hasta que la piel se tueste un poco. Sacamos los lomos de bacalao y los colocamos sobre un papel de horno en una bandeja. Se introducen los lomos en un horno precalentado a 200º durante cuatro o cinco minutos, dependiendo del grosor del lomo. Si tienes sartenes viejas es posible que se te pegue la piel del bacalao, para evitarlo puedes usar el truco del papel vegetal.

Sobre un plato se colocan las patatas confitadas, encima se pone una capa de cebolla confitada y sobre esto el lomo del bacalao con el crujiente de panceta encima.

Muy sencillo, aunque requiere algo de paciencia. On egin!

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Cita a ciegas.

Llevo bastante tiempo dándole  vueltas a la cabeza, casi diría que obsesionado con la idea. Todo empezó cuando leí que Iñigo Aguirre, al que sigo desde hace tiempo a través de su blog “Umami  Madrid”, organizaba cenas clandestinas en su casa. A una de esas cenas asistió el actor Juan Echanove que como se sabe es un tipo curtido en el asunto del papeo, un gourmet en toda regla. El actor contó de forma magistral emociones, sensaciones y sorpresas de su experiencia a ciegas  en “Un blog para comérselo”.  Para entonces, y de esto va a hacer ya un año, en noches de desvelo esa vaga idea iba cogiendo forma, a pesar de las múltiples dudas que rondaban a sus anchas por mi cabeza.

El asunto no es nuevo.  Desde hace un tiempo  en grandes ciudades y en otras no tan grandes se realizan experiencias  gastronómicas de este tipo. Unos les llaman “clandestinas”,  otros  restaurantes “pop up”, hay quién recurre al término más clásico de “cita a ciegas”… un grupo de desconocidos que hasta 24 horas antes no saben dónde van a compartir viandas, y en muchos casos ni siquiera qué viandas. Como bien dice Echanove: el arte de lo inesperado.

En verano  me entero que aquí al lado, en Donosti, también se organizaban este tipo de eventos.  La  gente de  Ubik Supper Club son los culpables de liberar  adrenalina en los asistentes a tan enigmáticos  encuentros. Ainara López  asistió a una de ellas y lo relató en una crónica para  The Glutton Club. A modo de conclusión Ainara dice: Vivimos en un mundo calculado al milímetro, con horarios marcados, costumbres y círculos de amistades que muchas veces no nos dejan mirar más allá. Salir de la rutina, hacer cosas diferentes, es lo que hace que nos sigamos sintiendo vivos.

Detrás de estas iniciativas hay gente inquieta con ganas de “innovar”, palabra que por desgaste estoy empezando a detestar, en fin, personas que movidas por diferentes intereses inician este novedoso sistema de relacionarse compartiendo mesa y mantel.

Muchas palabras en los comentarios de tan intrépidos comensales-asistentes  se repiten:  diferente, única, creativa,  irrepetible, compartir,  desconocidos, auténtico, aventura, sorpresa…

Yo mientras seguía mareando la perdiz. Pelando cebollas, partiendo leña, sentado en el wáter, regando las plantas, plantando tomates… esa idea de hacer algo parecido seguía germinando en mi cabeza. Poco a poco iba superando algunas dudas,  muchas inseguridades y una buena ración de miedos y pudores.

No es fácil, o por lo menos para mí no lo ha sido, plantearme abrir mi cueva a desconocidos, con  toda la distorsión que esto supone en la vida familiar.

Narbaiza es donde vivo. Un pequeño pueblo sin el glamour de grandes o pequeñas ciudades. Aquí se siguen haciendo txarribodas en invierno, se comparten labores comunes en veredas o auzolan, nos turnamos para leer los contadores del agua, se deciden las cosas que conciernen al pueblo en los concejos e incluso nos toca enterrar a los vecinos fallecidos. Para bien o para mal no hay servicios. Eso sí, vivimos en un entorno natural privilegiado, rodeados de buenos productos y productores.

Hace diez años con mucho esfuerzo mi pareja y yo construimos nuestra casa. Fue duro pero muy gratificante. Las manos insensibles en enero pelando cables eléctricos o hinchadas y magulladas en agosto a 36º poniendo las tejas en la cubierta. Utilizamos criterios de bioconstrucción,  hicimos un estudio geobiológico del terreno, empleamos materiales sanos…en definitiva un gran esfuerzo del que nunca nos hemos arrepentido.

En esta casa es donde el día 29 de marzo voy a organizar la primera experiencia a la que no se bien como llamar. Una jornada con una visita a un productor de la zona, (quesos, sidra, carnes  ecológica, huertas)  seguida de una comida, donde en la medida de mis posibilidades utilizaré productos locales. El objetivo es  crear un ambiente amigable sin guiones preestablecidos,  donde los participantes puedan aportar diferentes puntos de vista:  ocho  personas en torno a una mesa y a ver lo que sale.

Si te interesa, en los próximos días daré más detalles…

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Borobia, una sidra con cuerpo…y alma.

“Hau da gure sagardo berria!”, con ese grito ha comenzado la nueva temporada de sidra en todo Euskal Herria. Durante los próximos cuatro meses serán multitud los que se acerquen a Artigarraga, Hernani, Lesaka, Lekunberri y a otras muchas poblaciones con la intención de probar la sidra y meterse entre pecho y espalda las consabidas tortillas de bacalao, los tacos de bacalao frito con pimientos, las hermosas chuletas, para rematar con queso y nueces.

Posiblemente quede poco de la antigua tradición de llevar la carne de casa y probar la sidra de las diferentes kupelas al grito de “Txotx” del sidrero. La masificación de este rito ha desvirtuado la tradición.  Autobuses repletos de gente sin temor al soplímetro, turistas  que se mezclan con cuadrillas locales en una explosión de juerga que en algunas ocasiones terminan en batallas con los vecinos. Son los inconvenientes  de ser el epicentro de la sidra. Es difícil equilibrar la juerga y el descanso de los vecinos.

No he ido a muchas sagardotegis, en alguna he estado. De esas que había antes de que Sanidad impusiese sus normas, y que según me cuentan mis amigos oiartzuntarras Mónica y Gorka todavía quedan  por ahí. A ver si ponemos fecha de una maldita vez.

En Araba, poco a poco, se va animando el panorama sidrero. El pasado 16 de enero en Askarza Trebiñu Sagardotegia, dió inicio la temporada de Txotx. Por el momento solo son tres los productores de sidra: Juanjo Peciña de Iturrieta Sagardotegia  en Aramaio,  Koldo Marquinez de Trebiñu Sagardotegia, quienes además ofrecen el típico menú de sidrería y Koldo López Borobia  de Borobia sagardoa.

En el municipio vecino de Barrundia, concretamente en el pueblo de Ozaeta, en plena Llanada Alavesa resulta que también se hace una sidra que para más detalles luce sello ecológico en la botella.

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Alejado del bullicio, que me imagino que a buen seguro habrá en casi todas esas sidrerias gipuzkoanas y navarras, me he acercado hasta la finca donde Koldo López Borobia tiene sus manzanos y su bodega. En un bellísimo entorno a los pies de la sierra de Elgea es donde Koldo tiene su remanso de paz. Valle escondido le llama haciendo una traducción libre del termino Barrundia (zona interior).

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Lo encuentro cociendo unas conservas de legumbres en un gran perolo. Me explica que es un tipo de cocción de inspiración macrobiótica llamada cocción angélica. Hace frío; desde hace unos días en esta zona sopla un jodido solano . Bien abrigados damos un paseo por las dos hectáreas donde tiene los manzanos. Variedades diferentes, árboles injertados, podas, recogida de la manzana, de todas estas cosas vamos hablando mientras recorremos la finca. La hierba entre los manzanos parece cesped, ni una brizna más alta que otra. Le pregunto como consigue tener tan txukuna los terrenos. Son los jardineros los que hacen el trabajo de siega, me reponde, cuatro ponys que abonan y matienen limpias las fincas y debido a su pequeño tamaño no interfieren en el desarrollo de los manzanos; también los utiliza para los trabajos de la huerta. Cuatro miembros más de la familia.

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Mientras, nos acercamos al pequeño edificio donde comparten espacio bodega y vivienda. Es un edificio autosuficiente, allí no llega ningún cable ni de luz ni de otro tipo. Con unas placas solares y una cocina económica tienen para abastecerse de energía y para caldear la vivienda. Las aguas residuales van hasta una pequeña balsa que construyeron ellos mismos, donde desaparecen  por evaporación. Huyendo del frío solano nos refugiamos en la cocina. Un té calentito y seguimos charlando. Koldo vive habitualmente en Ibarra (Gipuzkoa); es profesor de biología en un instituto de Gasteiz y compagina esas tareas con las de bodeguero. Heredó las fincas de su madre hace unos 20 años y junto con sus hermanos pensaron, desde un principio, en elaborar sidra natural respetando al máximo el legado que su familia le había dejado. Comenzó  a comprar variedades de manzanos gipuzkoanos, algunos asturianos y los propios de la zona de Barrundia, que según cuenta, en la antiguedad tuvieron cierta fama en los mercados locales. Descubrió con sorpresa,- el pensaba por aquel entonces que era un innovador-, que en algunos caserios  de la zona ya se hacía sidra. En Baltia, un barrio de dos baserris pertenecientes a Narbaiza, Narciso Otxoa de Zuazola elaboraba sidra casera . Narciso le enseñó unos manzanos centenarios que su familia tiene en el Molino de Narbaiza. Arboles muy viejos, de una variedad de manzana desconocida para él, todo un descubrimiento sorprendente y un pequeño tesoro según me cuenta Koldo.

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Y no solo eso, también descubrió que en Larrea, otro pequeño pueblo cercano a Ozaeta, existía el único vivero privado de la provincia de Alava dedicado a la planta de manzana. Patxi Segura era el responsable del vivero, un personaje con muchos conocimientos  acerca de plantas de manzana y que incluso ayudó a Koldo en los inicios en los trabajos de hacer injertos.

La bodega es pequeña, unos depósitos, una prensa o tolare, una matxaka para triturar las manzanas, una embotelladora y poco más. Suficiente para llegar a la producción que quieren. Algunos años han llegado a embotellar 10.000 unidades, siendo la producción actual de 5000 a 7000 botellas al año. Posiblemente sea la bodega de sidra más pequeña de todo Euskal Herria. Y es que Koldo pone los acentos, -como le oí en una entrevista-, en otras cuestiones diferentes a sacar el mayor rendimiento a las fincas: para el es más importante trabajar a gusto sin estresarse, controlando lo que hace. Hay cosas que no entran en los balances contables, y son los incontables como la belleza y el respeto a la naturaleza. Eso no viene en los libros de cuentas y para él es un valor añadido que devuelve salud.

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La sidra natural es una una bebida delicada por la poca graduación alcoholica del mosto y el secrteto está en el equilibrio, en las proporciones de los diferentes tipos de manzanas que entran en la bodega. Utiliza un 25% de manzana amarga, un 60% de manzana ácida y el resto de dulce. El resultado es una sidra tardía, hecha exclusivamente con las manzanas de su casa, de color alto y mucho tanino que tarda en madurar, con mucho cuerpo y abundantes aromas frutales, que aguanta muy bien el paso del tiempo.

Una sidra con personalidad propia. La mayor parte de la producción la vende de forma directa en la propia bodega, en ferias y eventos, en algunos restaurantes y comercios de Araba y de Gipuzkoa.

Oirle hablar de la sidra es oir a un biologo soñador, como le llamó con cariño su hija María: el mimo que pone en su trabajo, el respeto por el entorno, el aprender a base de cometer algunos errores, la emoción que destila cuando te cuenta por ejemplo, que la sidra es femenina por su delicadeza, mientras que el vino es más masculino…

Presentó su sidra en las jornadas gastronómicas  organizadas por La Despensa y la Cafetería Jai Alai de Agurain. Me llamo la atención una frase de Shakespeare que aparecía en una diapositiva: Somos del mismo material con que se tejen los sueños, nuestra pequeña vida está rodeada de sueños. …¡ qué razón tenía su hija María!

 Entre sueños cumplidos, apego y respeto a la tierra, y sus conservas que todavía siguen cociendo en el gran perolo, dejo Borobia con un par de botellas de sidra debajo del brazo. No soy muy aficionado a la sidra, aunque esta me va a saber diferente, Koldo seguro que sabes de lo que hablo…

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Sopa a la pata de palo.

Para los amantes de las buenas sopas y para todos aquellos que argumentan que las sopas no tienen mucho fundamento, transcribo una receta que no tiene desperdicio.

Está sacada del libro del gran Paul Bocuse “La cocina del mercado. Las recetas más sencillas de la Nouvelle Cuisine”. (1980)

Sopa a la pata de palo

He aquí la receta de la sopa a “la pata de palo” tal como Henry Clos-Jouve la prepara y como se hace en Lyon desde siempre.: “Tomar una olla de barro o de cobre estañado. Bien limpia. Echar en ella un hermoso morcillo de buey junto con sal, cebollas, clavos de especia y toda clase de ingredientes que den sabor, y cubrir con agua fría. Poner a hervir muy suavemente a fuego lento. Espumar el caldo. Cuando el caldo esté bien espumado, incorporar puerros, nabos y apio. Agregar 2 o 3 espaldas de ternera, una paleta de cerdo, un pavo, perdices, una pierna de cordero, una aguja de buey. Media hora antes de servir, agregar unos pollos de Bresse y un momento después, unos cuantos cervelas (salchichas de carne de cerdo) condimentados con trufas y pistachos. Cuando estén cocidos todos estos elementos, colocar el morcillo derecho como si fuese un mástil para que todos los comensales sepan que se trata de la sopa a la pata de palo. Para beber, servir Beaujolais en abundancia. ¡Que aproveche!.

¿Será esta la formula de la marmita del druida Panorámix en la que se cayó Obélix en su niñez?

Xabi y Gemma, gracias por vuestro regalo. Todo un acierto.

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Café y churros.

Me levanté pronto, todavía noche cerrada. Las calles de Llanes a las 7,30 de la mañana del día 1 de enero estaban llenas de gente, la mayoría jóvenes, apurando las últimas horas de juerga del primer día del año. Ellos con americanas, corbatas desanudadas y las camisas por fuera. Ellas taconazos, medias finas, minifaldas, algunas lentejuelas y el rímel corrido en algunas caras.

Tuve suerte, conseguí hacer unas fotos de un amanecer espectacular. El mar picado, muy picado, rompiendo contra los cubos de hormigón del malecón del puerto. El cielo casi despejado y la luz rojiza del amanecer reflejada en las galerías de las casas. Las luces navideñas todavía encendidas. Un paseo por el puerto y toca tomar el primer café del nuevo año. Me meto en la sidrería “Salero”, todas las mesas ocupadas por cuadrillas reponiendo fuerzas devorando platos combinados. Me acomodo en la barra y pido un café con leche y unos churros. En unos segundos tengo el café humeante delante de mis narices. Una señora sale de la cocina con unos platos ¿para quién son los huevus con lomu?, pregunta. Voy dando pequeños sorbos al café y de la cocina siguen saliendo platos con filetes, lomos y entrecots al cabrales acompañados todos con un buen montón de patatas fritas. El poco café que queda en la taza comienza a enfriarse, después de 10 minutos ni rastro de los churros. Me empiezo a impacientar, y con el último sorbo del café ya frío, incluso pienso en pagar y largarme con viento fresco. Se impuso la paciencia. Me como los churros a palo seco. Es eso estaba pensando cuando aparece el camarero con el plato de churros, ve mi taza vacía y sin dudarlo ni un instante me dice: Te pongo otro café, por la tardanza….y este a cuenta de la casa.

Terminé el café mojando los churros y salí del “chigre” pensando que en estos tiempos en que la hostelería no es muy amable se agradecen este tipo de gestos. Igual es una chorrada pero me pareció buena manera de empezar el año.

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